Este texto forma parte de la serie intitulada PERSPECTIVAS DE ARTISTAS - una serie de artículos cortos de artistas de todo el mundo. Les pedimos a unos artistas escribir sobre obras de la colección Tate que les interesan, les intrigan o les inspiran

  • Christopher Wood, 'Zebra and Parachute' 1930

    Christopher Wood
    Zebra and Parachute 1930
    Oil on canvas
    unconfirmed: 457 x 559 mm
    Accepted by HM Government in lieu of inheritance tax and allocated to Tate 2004

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Desde mi infancia enCaracas, los edificios modernos han dominado mi entorno. La humedad, la luz cegadora y la vegetación que sobresale a través de las grietas en el hormigón enmarcan la mezcla de lo tropical con la modernidad - nuestra identidad principal. La Villa Savoye es nuestra tantocomoEl Helicoide, un edificio inacabado y audaz, y la extrañeza de pertenecer a un mundo raro en su propio espacio. El delirio que nos condiciona a vivir entre el mar y las montañas, las chozas y la carretera, o entre la repetición de despegar y aterrizar a ninguna parte.

Estudié en la primera escuela moderna de la ciudad, donde mis compañeros y yo vinimos de familias de inmigrantes o mixtas. Mis primeras relaciones fueron en grandes aulas que daban a los jardines, a menudo empapado por las lluvias torrenciales.Paramí, la modernidad era plural y democrática, pero representaba también los tratos crueles, la ineficiencia y la humedad. Cuando era adolescente, mis intereses artísticos y sexuales se desarrollaron en conjunto, forjados en espacios residuales de la modernidad. En la universidad pública construida por Carlos Raúl Villanueva, llena de obras maestras, mis experiencias furtivas y apasionadas convergieron. La modernidad fue un espacio de comunicación, una etapa de pensamiento y de acontecimiento, de poesía y de fluidez. Era el espacio donde la estética se reunió con lo visceral. Pero, de repente, mi propia modernidad fue aplastada por el desencanto social y la experiencia militar. Los espacios de la ciudad se convirtieron en objetivos y trincheras. Inmediatamente, la modernidad se convirtió en un patriota, un bastión, una confrontación, una multitud, un paracaídas, una ruina, un cementerio y una negociación frustrante.

Me fui a Europa cuando me hice adulto y desde la distancia ahora veo una nueva relación con mi modernidad tropical. Así que ir y venir, me parece transgresora y conservadora,comoel blanco y negro en un contraste casero,comoun mercado oculto, decorativo, salvaje e indispensable. Al igual que una cebra o una experiencia esquizoide, revelándome la imposibilidad impactante de describirme a mí mismo sin aludir a la modernidad.

Alexander Apóstol (nacido en 1969) vive en Madrid y Caracas.