Este texto forma parte de la serie intitulada PERSPECTIVAS DE ARTISTAS - una serie de artículos cortos de artistas de todo el mundo. Les pedimos a unos artistas escribir sobre obras de la colección Tate que les interesan, les intrigan o les inspiran

El Minotauro (The Minotaur) de Watts es una pintura terriblemente fea. El ángulo, el recorte, la paleta - el equilibrio de esa cosa - parece hablar en la lengua vernácula brutaldel propio monstruo. La pintura, como el monstruo, se siente frustrada, inadecuada, errónea, el portento alegórico y la repugnancia son sustituidos - para mí, a partir de aquí, lejos de la inteligibilidad histórica simbólica de la pintura - por su demostrable morosidad material. Eso podría significar que se siente cerca de una ingenuidad contemporánea con respecto a un tipo de rendimiento de la pintura.

Desde nuestro punto de vista, por encimadelhombro del Minotauro, uno cobra conciencia de su volumen, de la ignorancia y de la impasibilidad animal. Tal vez estamos destinados a encontrar su mirada inescrutable por eso. Por el contrario, puedo ver claramente la misma fantasía en el horizonte y sentir sin duda la misma anticipación ávida.Paramí, mientras que hubo un tiempo en el que para hablar de la inhumanidaddelhombre hacía falta hablar en términos exclusivamente peyorativos -comohablar contra Dios - mi empatía no se encuentra con las vírgenes de un sacrificio inminente o, culpablemente, con el horrible rey Minos. Mi simpatía está con el monstruo, en toda su mudez e impunidad moral. Siempre he olvidado ya el pájaro que maté tan distraídamente.

Ed Atkins (nacido en 1982) vive en Londres.