Este texto forma parte de la serie intitulada PERSPECTIVAS DE ARTISTAS - una serie de artículos cortos de artistas de todo el mundo. Les pedimos a unos artistas escribir sobre obras de la colección Tate que les interesan, les intrigan o les inspiran

  • William Blake, 'The Ghost of a Flea' circa 1819-20
    William Blake
    The Ghost of a Flea circa 1819-20
    Tempera heightened with gold on mahogany
    support: 214 x 162 mm
    frame: 382 x 324 x 50 mm
    Bequeathed by W. Graham Robertson 1949

El sr. Martin, mi profesor de literatura inglesa, fue una persona muy importante en mi vida. Era un hombre intenso, con fuertes convicciones y una relación abierta y honesta con los estudiantes. También era un hombre que parecía saber cosas y que perdió otras. Le creí y cuando yo tenía doce años nos hicimos buenos amigos. Mi primer recuerdo de William Blake trata de la lectura de su poema, El tigre (The Tiger), en la clase con el sr. Martin un par de años más tarde. Me quedé bastante decepcionado (quería ir directamente a T.S. Eliot y Ezra Pound) y le pregunté por qué se supone que es un buen poema ya que parecía ser tan simple e infantil. El sr. Martin entonces me habló de lo que hace que un poema sea un poema, pero en ese momento no estaba seguro de si encontraba sus argumentos suficientemente convincentes.

Cuando era estudiante de primer año en la universidad, descubrí la ilustraciones de Dante de William Blake y sus poemas recogidos en la biblioteca de la universidad y de repente me capturó.Comoprisionero de William Blake, su nombre mismo vino a representar una comprensióndelmundo que tomécomoalgo real y que mantuve con reverencia. William Blake (y algunos pocos más) era capaz de hacer un arte que, para mí por aquel tiempo, no estaba dictado por las expectativasdelcontexto, el período, el estilo o un público.

El fantasma de una pulga (The Ghost of a Flea) no era tal vez mi favorito en absoluto (los diversos tormentos infernales, los grabados que acompañan a algunos de sus poemas, eran tal vez más impresionantes) pero era uno de los más desconcertantes. Cada vez que me lo encontraba cuando daba la vuelta a la página, no podía continuar. Por un lado, creo que me lo tomé literalmente: se había encontrado con el fantasma de una pulga y eso era lo que le parecía a él. Con esta literalidad, durante un corto período de tiempo, el mundo tenía sentido. Pude leer su código en un número de autobús, en una placa en la calle, en la manera en que una mujer que llevaba sus compras caminaba. Era una paranoia benévola, sin embargo, porque el mundo aquí no era la suma total de las intenciones secretas de almas hambrientas egoístas, sino más bien una afirmación de todos y de todo. Desde esa perspectiva una pulga, por supuesto, tiene un fantasma y si lo hace, entonces William Blake puede posiblemente una tarde reunirse con ese fantasma e ilustrarlo con su magnífico dominio de la forma. Sin embargo, era la forma misma de la pintura (como mediada a través de reproducciones en diversos libros en diferentes tamaños, resoluciones y colores) lo que hizo posible esta literalidad. Y eso es algo que nunca podría olvidar.

Hassan Khan (nacido en 1975) es un artista, músico y escritor. Vive y trabaja en El Cairo, Egipto.